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Una buena experiencia con recompensa final.

Excelente juguete para pasar unas horas viviendo la experiencia de montar una guitarra y comprender su funcionamiento, y con una muy buena relación calidad/precio. No obstante (no nos engañemos) es imprescindible ser un poco manitas y disponer de espacio para trabajar y algunas herramientas.

Los accesorios llegan bien empaquetados, el mástil perfectamente acabado (exceptuando la pala del clavijero que realmente merece ser recortada con la ayuda de una plantilla) y el cuerpo con una imprimación que, en mi caso, ha resultado una molestia, puesto que he tenido que lijarlo concienzudamente para permitir el tratamiento posterior.

La pala la he recortado siguiendo una plantilla Fender, con la sierra caladora, papel de lija y mucha paciencia, (no disponía de mejores herramientas) pero ha quedado perfecta.

El tratamiento que le he dado puede que no sea muy convencional, pero el resultado ha sido muy satisfactorio:

Después de lijar el cuerpo, lo he teñido de blanco a base de veladuras hechas con esmalte al agua muy diluido, aplicado con un trapo y de forma irregular, jugando con el veteado de la madera (Mi intención era darle un aspecto vagamente inacabado, digamos que algo “grunge”…) Una vez seco vuelta a lijar, eliminar el polvo y aplicar cera transparente en dos capas, con un bruñido final con una torunda hecha con media de nylon enrollada (que no suelta fibra), lo cual le ha proporcionado un tacto sedoso y un brillo satinado precioso. Evidentemente, el aspecto final depende de la veta original de la madera (que en cada caso será distinta), pero si se quiere dar un tratamiento que la potencie, esta parece una buena solución. Las ventajas de este procedimiento son que, aparte de poder teñir del color que se prefiera, los tiempos de secado son rápidos, puesto que basta con diluir el color con agua destilada o con alcohol, y la cera seca con relativa rapidez. Un encerado que puede repetirse de vez en cuando sin problemas (cada dos o tres años, por ejemplo) y que no solo protege la madera, sino que además le da un aspecto cálido y natural muy agradable al tacto y un brillo satinado que combina muy bien con el brillo espejado del golpeador y los componentes metálicos (Por no hablar del buen olor que proporciona la cera, dependiendo de cómo esté perfumada.)

El montaje no resulta difícil, pero hay que hacerlo con cuidado y en orden. Y sobre todo, no confundir los tornillos, que los hay de muy distintos calibres (Por cierto, vienen todos en la misma bolsa, y se agradecería que vinieran empaquetados por separado y con el destino especificado, más que nada para no tener que andar adivinando a qué elemento corresponde cada conjunto de tornillos...)

El montaje del puente y el mecanismo del trémolo, con los muelles posteriores y demás, seguramente es el punto más delicado del proceso de montaje y reviste un cierto peligro de meter la pata. En este sentido, sería de agradecer que las instrucciones de montaje estuvieran descritas con más detalle. En cualquier caso, una vez correctamente montado funciona perfectamente y después de accionarlo mantiene correctamente la afinación.

Una vez resuelto el montaje, las cuerdas quedan correctamente colocadas entre la selleta y el puente y coinciden a la perfección con los micrófonos de las pastillas: algo que debo admitir que me inquietaba…

Obviamente, y una vez montada, resulta más que conveniente someter la guitarra a un ajuste del puente (altura de las cuerdas, quintado, etc.) y rectificación de la altura de las pastillas (dependiendo del gusto de cada uno respecto al sonido que se prefiera), pero una vez hecho, el resultado es un instrumento más que decente y que, seguramente, con un eventual cambio de pastillas y clavijeros puede convertirse en un muy buen instrumento. Eso no quiere decir que las pastillas incluidas en el kit no suenen correctamente ni que los clavijeros sean de mala calidad (me ha parecido que son idénticos a los que llevan de serie las Squier…), pero un futuro cambio de estos elementos puede ser una buena opción, si se quiere mejorar el resultado.

La guitarra resultante es algo más que un cacharro decorativo (como he visto que algunos la califican en estos comentarios…) Resulta agradable de tocar, es ligera y (algo que considero importante) suena bien desenchufada. Para mí, y a pesar de no ser más que una aficionada, esa prueba demuestra la calidad de una guitarra eléctrica: que el sonido que proporciona sin conectarla ya presente una calidad intrínseca.

En definitiva: se trata de un buen kit que, aparte de proporcionar la ilusión de convertirse en lutier durante unos días, puede acabar proporcionando un buen instrumento, y por una relación calidad/precio (insisto) inmejorable.